Elaborada en la mejor tradición de las sin gracias geométricas, Rondana es un homenaje tipográfico a la estética retrofuturista de los años 60 y 70, así como un ejercicio de pureza de líneas. Sin embargo, su espíritu es decididamente nobauhausiano, ya que sus trazos se desvían intencionadamente de la aburrida y obvia construcción de regla y compás; sus arcos y curvas son mucho más complejos, tendiendo hacia una forma ligeramente cuadrada, impregnada de sutiles modulaciones. Todo ello se traduce en una personalidad más orgánica, fluida y extrovertida que la que cabría esperar del uso de una geometría simple y llana. Otra característica es el uso consciente de formas no estándar para muchos signos, que son bastante legibles pero algo inesperadas, como la E, la g y el ampersand, lo que convierte a Rondana en una excelente fuente de visualización y también da un sabor particular al texto compuesto en ella, especialmente en sus variantes cursivas, que son, por cierto, cursivas de diseño por derecho propio y no sólo una versión oblicua de la romana. Rondana se presenta en doce variantes que comprenden un amplio espectro de pesos, lo que permite una gama de expresión extremadamente diversa. *(1999)